sábado, 17 de marzo de 2012

Entre el clavel blanco y la rosa roja, su majestad escoja

Francisco de Quevedo.

Francisco de Quevedo (1580-1645), escritor español del Siglo de Oro, apostó una cena con sus amigos a que sería capaz de burlarse de la reina Mariana de Austria, esposa de Felipe IV. Al parecer la reina era coja y no aceptaba ningún comentario sobre su discapacidad y mucho menos una burla.

Para ganar su apuesta, Quevedo compró dos ramos de flores: uno de claveles blancos y otro de rosas rojas y se presentó ante la reina diciendo: 

Entre el clavel blanco y la rosa roja, su majestad escoja.
O lo que es lo mismo:
Entre el clavel blanco y la rosa roja, su majestad es coja.

A este juego de palabras se le conoce como calambur.

Francisco de Quevedo. Atribuido a Juan Van der Hammen.

3 comentarios:

  1. Mucho me temo que aunque es cierto que ese calambur se atribuye a Quevedo, y que no hay porqué dudar de su autoría, no puedo sino darte un dato que no has tenido en cuenta. Mariana de Austria nació en 1634 y hasta 1646 estuvo prometida a su primo Baltasar Carlos, príncipe de Asturias. A la repentina muerte de éste, aceptó casarse con Felipe IV, pero dicha boda no tuvo lugar hasta 1649. Teniendo en cuenta que Quevedo murió en 1645, parece harto improbable que dedicase dicho calambur a Mariana de Austria, siendo una posibilidad más cercana que se lo dijese a Isabel de Francia "la Deseada" consorte de Felipe IV desde 1621 hasta 1644, año de su muerte, un año antes de la muerte del propio Quevedo. Lo que no me queda claro es que Isabel de Francia fuese coja de ninguna manera, por lo que no sé muy bien si dicho calambur es efectivamente de Quevedo ni a quien se lo dedicó. Un saludo.

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    1. La falta de rigor de la anécdota hace aguas por todas partes. Presenta a un Quevedo como autor de chascarrillos, cuando en realidad era un descarnado "machacador" de corruptos y portadores de dudosa moralidad.
      El razonamiento de Rafa es impecable, con la rigurosidad de los números. Queda así demostrado que se trata de una cita apócrifa.
      Saludos

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  2. La falta de rigor de la anécdota hace aguas por todas partes. Presenta a un Quevedo como autor de chascarrillos, cuando en realidad era un descarnado "machacador" de corruptos y portadores de dudosa moralidad.
    El razonamiento de Rafa es impecable, con la rigurosidad de los números. Queda así demostrado que se trata de una cita apócrifa.
    Saludos

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